1 de abril de 2009

Luna Roja - Aullido III




[Sonando: Mi profesor de Biofísica]
[Comic: X-Men]
[Anime: Soul Eater #51]


Luna era una adolescente más o menos normal, aunque depende de a quién le preguntases.
Sus padres no solían tener quejas de ella, aunque como a cualquier padre que se precie, les gustaría que sacase mejores notas y a veces, que se comportase más como las demás chicas de su edad.
Iba al instituto todos los días, hacía sus deberes y exámenes, veía la televisión, jugaba con el ordenador…
Tenía dos grandes pasiones, la música y la literatura. Luna era capaz de pasarse el día entero tirada en la hamaca del porche de su casa leyendo algún libro enorme. Otras veces, sobretodo cuando estaba empezando, tenía tales llagas en los dedos por culpa de las cuerdas de la guitarra que no podía sostener un libro.
No sentía ningún interés por los chicos, la ropa de moda o el comportarse como si ya fuese adulta a sus 15 años, como sus compañeras de clase. Prefería disfrutar de lo que le gustaba considerar que aún era su feliz infancia, pero con más conciencia para disfrutarla que con 6 años.
A pesar de eso, Luna prefería llevarse bien con todo el mundo, porque le gustaba sonreír y bromear siempre, sin preocuparse por odiar a nadie o contestar de mala manera. Y le daba igual si los demás fingían amabilidad y se reían después de ella, porque en realidad solo le importaba lo que pudiesen pensar dos de las personas que veía cada día en el instituto. La más importante era Diana.
Como toda mejor amiga debe ser, Diana era la única, personal e intransferible de Luna. Aunque las dos amigas no solían decirse estas cosas, les sonaba tonto, ridículo, y les entraba la risa. Quizá porque otras personas lo usaban demasiado a la ligera. Ellas preferían respetar la intimidad de su amistad, sin atosigarla y solo recordárselo la una a la otra algunas veces, cuando era realmente necesario.
Compartían libros, discos, tebeos, ropa, bromas privadas, historias… hasta el silencio de sus conversaciones, tanto de las serias e importantes como las banales y absurdas que solo llevan a las carcajadas.

Por eso y mucho más que las unía, a Luna le estaba costando mucho esa mañana no interrumpir el parloteo de su amiga para contarle todo lo que había pasado.
Ni siquiera conseguía ordenarlo todo muy bien en su cabeza, pero la simple idea de estar escondiéndole algo parecía estar destrozándole las entrañas. Al mismo tiempo intentaba imaginarse la reacción de Diana, como cambiaría su ahora expresión ofendida cuando oyese lo que ella había vivido la pasada noche.
Le estaba hablando de las notas de un exámen de matemáticas, el primero en mucho tiempo en el que no había conseguido una calificación perfecta. Luna habría sonreído, si la hubiese estado escuchando, porque cuando Diana se enfadaba por algo así y se lo contaba por enésima vez, aunque ella había estado presente y recibiendo su propia nota, mucho más baja, hablaba cada vez más rápido y sus frases perdían sentido progresivamente.
Pero estaba demasiado preocupada.
-¡Y entonces me lo dice como si me contase un chiste! ¿Te lo puedes creer? ¡No puedo soportarlo! ¡No deberían dejar a un humorista de pacotilla darnos clase! ¡Oh, miradme, estoy dándole un nota baja a Diana, miradla toda como si estuvieseis en el zoo! – gesticuló haciendo que su pelo rubio se agitase sobre sus hombros.
Luna se esforzó por volver al mundo real.
- Diana, cálmate, imagínate que está por aquí cerca y te oye, dejarán de ser chistes. No fue una nota baja, no te preocupes, nadie va a vetarte la entrada en la universidad por un 9’75. - suspiró
Si Luna conseguía no suspender un exámen tras otro era gracias a su amiga, la inteligentísima Diana tenía una especie de talento natural para los números y las ciencias en general; y también para hacérselos entender a Luna.
En lugar de torcerse de horror ante una espeluznante historia de hombres lobo, Diana la miró aún más ofendida, con reproche.
Los ojos era una de los rasgos de Diana que más llamaban la atención, porque eran verdes, pero alrededor de la pupila eran amarillos y a Luna le fascinaba mirarlos.
Pero en aquel momento recordó otros ojos, completamente amarillos y, asustada y avergonzada, apartó la vista hacia el resto de la cara pálida y pecosa de su amiga, que seguía torcida en una mueca de enfado.
- Sabes perfectamente que no me enfado por eso, es por haberse reído de mí…
Luna no tuvo tiempo de contestar, unas manos se apoyaron en los hombros de las dos amigas, apartándolas dejando paso a una mata de pelo castaño rizado.
- ¡Buenos días! ¿Me he perdido algo? – preguntó alegremente el recién llegado.
-¡Berto! ¡Claro que te has perdido algo! ¡A ese imbécil riéndose de mi…! – Diana volvió a la carga, tenía un nuevo objetivo sin informar de la gran tragedia.

Roberto era la segunda persona a la que Luna le contaría lo que había pasado, seguro que le parecería lo más guay e increíble del mundo y empezaría a pedirle detalles. O al menos así se lo imaginaba ella, siempre fascinado por miles de cosas sobrenaturales. Pero que ocurra de verdad es algo muy diferente, ¿Se lo tomaría igual que cuando veían una película y comentaban lo genial que sería que ocurriese de verdad?
Los tres disfrutaban hablando de héroes, magos, vampiros y todo tipo de seres sobrenaturales. Pero de pronto a Luna empezaba a dudar.
¿Le estaba pasando algo genial o una horrible pesadilla?

Luna escuchó sin abrir la boca la conversación de sus amigos.
- ¿Por qué no has venido a primera hora?
- Parece mentira que lo preguntes, ¡Es final de mes! ¡Novedades en la tienda de cómics! ¡Traigo material fresquito! – exclamó el chico orgulloso señalando su mochila con el pulgar.
- Podrías haber esperado a esta tarde para que fuésemos los tres y no perder clase…
- Ya sabes que entonces me paso el día entero desesperado y habría sido como si no hubiese venido a clase – contestó en el tono aburrido que siempre utilizaba para explicar cosas que daba por hechas, moviendo de forma exagerada una mano delante de la cara de Diana – en el recreo me contáis si ha habido algo interesante en la primera clase y os enseño la mercancía – terminó con una amplia sonrisa.
Diana resopló, dándose por vencida.

Luna seguía pensando en Kiiroshi, en que en unas horas le daría explicaciones, esperando con todas sus fuerzas que le dijese algo así como “pero puedes olvidarte de todo esto si quieres y seguir con tu vida”.
Y al mismo tiempo, estaba intrigada, ansiosa por saber más.

- ¡Despierta Luna! – Berto interrumpió sus pensamientos.
Por unos segundos, se le quedó mirando, desorientada. Roberto era bajito para su edad, y su cabeza siempre parecía desproporcionada gracias a que su pelo rizado hacía mucho que no veía un peine y rara vez unas tijeras.
El resto de chicas del instituto le consideraban un chico guapo, y aunque no tenían pensado admitirlo nunca, Luna y Diana también. Tenía los ojos castaños y casi siempre perdidos y soñadores. Sus labios gruesos siempre estaban torcidos en una gran sonrisa, preparados para dejar libre algún chiste o pensamiento sin sentido que flotase por su cabeza, por lo que además de guapo, las demás chicas del instituto le consideraban un chico raro y no solían hacerle demasiado caso.

Luna sacudió un poco la cabeza, alejando la imagen de los ojos amarillos.
- Perdona ¿decías algo?
- Decíamos que podríais venir a comer a mi casa hoy, mis padres no van a estar y tendremos la tele grande del comedor y la videoconsola para nosotros.
- ¡Genial!- exclamó casi demasiado emocionada acabado en un gruñido – pero no puedo… - no podía decirles lo que iba a hacer sin contárselo todo. Y eso sí que no podía hacerlo. Al menos no por ahora, primero tenía que entenderlo ella, saber exactamente qué era lo que tenía que contar. Sí, era una buena excusa para aplazarlo.
- ¿Por qué? – preguntó el chico extrañado
- Es que… - se le secó la garganta solo de pensar en mentir a Berto – anoche los del grupo decidieron ensayar hoy también… lo siento.
Y con cada palabra sufría pequeños pinchazos en el pecho, pinchazos de culpabilidad.
- Vaya… - se encogió de hombros decepcionado – bueno…

Apretó dientes y puños, enfadada. Sería tan fácil contárselo todo, ser sincera con sus amigos…
Se rascó el brazo, intentando parecer distraída, como si no lo estuviese pasando fatal, porque entonces no pararían de preguntar hasta que les explicase todo. Y se encontró con algo extraño ¡Había empezado a crecerle el pelaje rojizo cerca del codo! ¡El mismo que la había cubierto la noche anterior!
No podía transformarse allí en medio del instituto, delante de todo el mundo. Conforme intentaba pensar en algo, cada vez más nerviosa, notó como la zona invadida por el pelo, aún bastante corto, se extendía.
- ¡Tengo que ir al baño! – exclamó echando a correr. Tenía que esconderse, no podían verle así. Esperaba que no se hubiesen fijado en su brazo, o su cara de susto, ni siquiera sabía si habían seguido hablando.
Atravesó el pasillo corriendo, intentando esquivar a todo el mundo, entró en uno de los baños, cerrando la puerta de un portazo y se dejó caer, apoyando la espalda en ella, intentando recuperar el aliento.
Se quedó mirando fijamente la pared, escuchando lejanamente las voces de todos los que chillaban en el pasillo o de las chicas que entraban al cuarto de baño manteniendo conversaciones y grititos estúpidos. Sintió ganas de salir y gritarles que se callasen, que a nadie le importaba quien se había liado con quien, ni quien llevase ropa pasada de moda, porque ella tenía problemas de verdad.
Como por ejemplo que su brazo ya estaba completamente cubierto de pelo y sus manos estaban empezando a cambiar de forma, pareciéndose más cada segundo a unas garras. Hervía de rabia, contra aquellas chicas cuyas voces retumbaban en su cabeza, contra sus amigos por haberse quedado en el pasillo y no buscarla, no preocuparse por ella…
Y por encima de todo, sentía un odio superior contra …¿contra qué? Ni siquiera podía explicarlo, era como estar rodeada de todas las cosas que le molestaban o hacían daño, al mismo tiempo, sin poder llegar a distinguir ninguna. Y eso parecía estar apunto de hacerle estallar la cabeza.
Se levantó, apoyándose en las paredes abriendo los brazos, intentando mantenerse en pie. Si conseguía moverse, salir de allí y destruir todo lo que le estaba haciendo sufrir, se acabaría, podría respirar tranquila…



****

Llevo mucho tiempo dándole vueltas a este capítulo y a los dos personajes nuevos.
Ella, está basada físicamente en la que fue mi mejor amiga del colegio.
Él es una mezcla de muchos buenos amigos. En mi cabeza, tienen una apariencia física muy concreta, especialmente Diana, pero al mismo tiempo, los percibo como a Willow y Xander en Buffy.
Iba a continuar, no tenía pensado dejarlo así, si no hacerlo cerrado, como los dos anteriores, pero he visto que me estaba quedando muy largo, sobretodo porque iba a incluir a otro personaje, además de volver a aparecer Kiiroshi, y me ha parecido excesivo. Así, tendré más tiempo para rumiarlo mejor.

Sé que estoy cayendo en muchas cosas típicas de series y libros que todos conocemos. Pero lo cierto es que muchas veces estas cosas no están contadas como a mí me gustaría y por eso siempre he tenido ganas de escribir esto, para contarlo a mí manera, aunque no se note...

En fin, espero que os haya gustado.

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