14 de abril de 2009

Semana Santa 2009




[Sonando: Lándevir - Recuerdos]
[Libro: Lehninger (Bioquímica)]
[Comic: X-Men]
[Anime: Sailor Moon]
[Juego: Indiana Jones y la Última Cruzada]

En realidad aún no ha terminado la Semana Santa, al menos para los que vivimos aquí, ya sabéis que nos inventamos las vacaciones, pero como si lo hubiese hecho, porque Jorge ha vuelto a su casa y yo tengo mucho que estudiar.
La principal gracia de que no nos coincidan las vacaciones de Semana Santa con el resto del país es que... eso, no coinciden, por lo que cada año, Jorge y yo tenemos que acompañar al otro a clase durante por lo menos tres días.
Eso por un lado mola, porque durante unos días es como si compartiese con él mi día a día en la universidad, con el grupo de amigos de la facultad, y durante unos días puedo imaginarme que siempre es así, que no tengo que echarle de menos porque está en el césped, en la biblioteca o en la fotocopiadora conmigo. Y mientras dura es genial.
La gente que no me dice, bromeando espero, si me lo busco así de lejos porque no me gusta "que un novio me agobie", suele mirarme con cara de pena y preguntarme si no es insoportable estar separados. ¿De verdad alguien espera que conteste que no?
Es muy diferente el tomárselo con calma y asumir que algún día nos podremos reir de todo esto, a pensar que es la situación ideal para dos personas que se quieren.
Te echo muchísimo de menos cosa.

Normalmente hacemos bastantes fotos cuando estamos juntos, pero esta vez no ha sido el caso, he tenido que pedir alguna para poder ilustrar este post.
No hemos tenido mucho tiempo como para salir de excursión, pasear y cosas así, salvo una divertida noche de parejas de cine y cena, entre los que estaban Deed, Treveron, Raven y Berlanga. ¡Genial, gente!
Fuimos a ver Monstruos Contra Alienígenas, en 3D. Entretenida y el efecto curioso, pero al menos yo, llegó un momento en que no noté apenas la tridimensionalidad, pero sí se veía mucho en los tráilers... quizá esta película no estaba tan preparada para eso.

Nos hemos dedicado a estar juntos, que es lo que importa, y esta vez, en especial, a los videojuegos.

En nuestro anterior aniversario, me regaló el juego Okami para la PlayStation y desde entones hemos jugado cada vez que nos veíamos, y por fin nos lo hemos acabado.
Maravilloso. No puedo decir que es mi juego favorito porque están ahí los Zeldas y el Tales oF Symphonia, pero supongo que está junto a ellos. Aunque tenga cosas tan molestas como algunas misiones secundarias horriblemente difíciles y con poca compensación, y de esas en las que si no haces algo muy concreto en un momento aún más concreto (en el que estábamos demasiado alucinados como para darnos cuenta), la fastidias y adios a completarlo al 100%.
Es un juego increíble, que siempre recomiendo a todo el mundo. No es solo el hecho de llevar a un lobo (que mola un montón), la encarnación de la Diosa Amaterasu en una especie de japón medieval con la misión de salvarlo del poder de la oscuridad, utilizando los poco a poco recuperados poderes divinos y un pincel celestial para realizarlos... ¡Es todo!
La estética es muy original y preciosa, como si todo fuese una pintura oriental tradicional, pero sin llegar a marear o desorientar al jugador, así que se disfruta muchísimo. La banda sonora es preciosa y de esa que acabas tarareando a la hora del desayuno. La historia es mucho más de lo que puedes leer en cualquier sinopsis, mucho más profunda, y que se te va descubriendo poco a poco, mientras avanzas.
Los personajes secundarios, algunos poco definidos, otros a los que llegas a odiar mucho... pero en general muy vivos.
Así que ya sabéis, tenéis que jugarlo.

Como nos gusta tener algún juego que jugar juntos, había que empezar otro, claro. Yo llevo un tiempo indagando en el mundo del Abandonware y las aventuras gráficas. Después de huir despavorida del Maniac Mansion (demasiada tensión para mí) y disfrutar el Día del Tentáculo, mirando la lista de juegos que había bajado, le pregunté a Jorge por el Loom, que él ya había jugado hace tiempo.
Un par de horas, como mucho tres, después, veíamos el final. Si no lo conocéis, no penséis que somos unos genios, es que es bastante corto.
Es un juego precioso y muy original. Incluso para su época, los primeros planes de personajes están muy conseguidos y para mí los montoncillos de píxeles tienen un encanto ... inexplicable.
Se diferencia de otras aventuras gráficas en el sistema de juego. Aquí no hay objetos y acciones a los que darle con el ratón, solo hay objetos seleccionables y tu bastón de "Tejedor", y las canciones que vas aprendiendo, que consisten en acciones desde "abrir" a "despertar".
Loom significa telar. En el mundo del Loom existen diferentes gremios en los que se organizan y viven sus habitantes, como los Tejedores, los Cristaleros, los Guardabosques, los Pastores... y sus oficios suelen definir parte de su caracter, como el amor de los Cristaleros por las cosas brillantes y claras...
Bobbin Theadbare es un miembro joven de los Tejedores, gremio cubierto de misterio. Se supone que en el telar de su templo se puede manejar el mismo tejido de la realidad. Son los magos de este mundo, y sus hechizos se realizan con música.
Al principio del juego desaparecen los miembros del gremio, dejando solo a Bobbin, que emprenderá un viaje para intentar descubrir qué ha ocurrido. Y no pienso dar más detalles, o acabaré reventandolo.
Después, empezamos a jugar a The Dig, aventura gráfica que fue concebida por Spielberg como una película. Y aunque he avanzado un poco desde que se fue Jorge, he decidido dejarlo donde está para seguir este verano.
Así que he empezado a jugar al Indiana Jones y la Última cruzada. Este juego existe en disquettes en algún lugar de mi casa, comprado hace muchos años, cuando mi madre pasó horas jugándolo y yo mirando. Ahora lo estoy jugando yo y me encanta.
Pero he de reconocer que soy débil y acabando mirando demasiado las guías, sobretodo por impaciencia, que es muy mala a la hora de jugar a este tipo de juegos.

También vimos Planeta Tierra, la película/serie de la BBC, conocida por la historia del oso polar, o la escalofriante caza del tiburón blanco, en la que saca todo su cuerpo (entre una y dos toneladas) por encima de la superfície del agua. Y yo me encogí de terror, qué le voy a hacer ¡me dan miedo!. Ni siquiera he visto Tiburón, solo un montón de documentales, y los tiburones me provocan auténtico pavor. Me provoca angustia incluso ver fotos.
Por supuesto sé que no son ningún tipo de asesinos devoradores de humanos, eso son idioteces. Pero cuando veo que el Mediterráneo, aunque raro, forma parte de su distribución, me planteo la posibilidad de no volver a meter un pie en el mar.
La película cuenta, desde el punto de vista de distintos animales, como una familia de osos polares, una manada de elefantes africanos, una ballena jorobada y su cría, etc, lo difícil que puede llegar a ser vivir en nuestro planeta, sobretodo si cada año sufre más cambios, de los que ellos no son del todo conscientes pero que afectan totalmente a sus vidas.
Es sobrecogedor. Y por supuesto, además de maravillarte con unas imágenes preciosas, te hace sentir sumamente culpable.


Aunque en realidad es el día 28, mis padres celebraron el domingo pasado sus Bodas de Plata, lo que significa que llevan 25 años casados, unos cuantos más juntos.
Me quejo muchísimo de mi familia, reunida por primera ver al completo desde esa boda y con algunos nuevos miembros como Jorge o mis... queridísimos primos, pero salvo algunas ocasiones, sabéis que no podría pedir unos padres mejores.
Me siento mal por no regalarles nada, pero, no tengo dinero para un regalo a la altura, ni he tenido por ahora una idea acorde al momento para hacerselo yo misma. Tuve la idea de hacer una pequeña tarjeta o cuadro usando fotos, hojas y alguna otra chorrada, pero necesito mucho tiempo y además... no es que tengan precisamente prohibida la entrada a esta habitación, que sería mi taller, así que me resultaría muy difícil mantenerlo como sorpresa.
Ahora mismo no tengo tiempo... pero creo que si se me ocurre una idea buena, más sólida y válida, no les importara que se lo de tarde.
Me siento mal porque, para mí, es una fecha muy especial, porque les quiero y me alegro infinitamente por ellos, que son una de esas parejas felices que tanta envidia me dan, pero con la que además vivo.
Cuando estaba en el colegio, no recuerdo exactamente porqué, tuvimos que hacer una especie de trabajo que consistía en hacer una lista con las cosas que considerábamos más importantes. Yo puse en primer lugar a los amigos, mientras la mayoría ponían a su familia. Supongo que en ese momento no lo pensé tanto, simplemente si tuviese que elegir, me quedaría con mis amigos, entre los que se incluían e incluyen mis padres.
Pero al final lo cambié, con tal de no explicarle a mi profesora que no sentía ese aprecio familiar... "¿sanguíneo?", por mi familia, puesto que yo no los había elegido, si no que estaban ahí, sin más.
Puedo apreciarles más o menos, pero siempre pienso que si no me "los hubiesen impuesto", no serían personas a las que buscaría como compañía, y de los que me avergüenzo demasiado a menudo como para ser saludable.
Y cada año que pasa estoy más convencida de eso. No quiero a mis padres por el simple hecho de serlo, por haberme dado la vida (que no quiere decir que no se lo agradezca, ojo), si no por todo lo que me han dado desde que nací, que no es lo mismo, no sé si me explico.
Es especial que celebren el estar juntos, al menos a mí me lo resulta, quizá porque eso de "estar juntos", para mí ahora tiene mucho más significado que dos palabras juntas.
Celebraron una comida, reuniendo, como ya he dicho, por primera vez desde la boda, a ambas partes de mi familia. Tuvieron el maravilloso detalle de asegurarse de elegir una fecha en la que Jorge pudiese asistir, porque querían contar con él. Eso para mí ha significado mucho; significa que le aprecian, que le cuentan como parte de mi vida y de la suya.
Y mi padre tuvo un detalle precioso. El ramo que hay más arriba, es prácticamente idéntico al que mi madre llevó en la boda. A mi madre y a mí nos encantan las rosas amarillas, y ahora el salón huele genial. Cuando se sequen un poco, me encargaré de guardar algunas (colecciono rosas secas, sí). Y por alguna razón, mi padre suele regalarle orquídeas en las ocasiones especiales.

Y el resto de mis vacaciones las pasaré estudiando, pero no me quejo.

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