14 de abril de 2009

Semana Santa 2009




[Sonando: Lándevir - Recuerdos]
[Libro: Lehninger (Bioquímica)]
[Comic: X-Men]
[Anime: Sailor Moon]
[Juego: Indiana Jones y la Última Cruzada]

En realidad aún no ha terminado la Semana Santa, al menos para los que vivimos aquí, ya sabéis que nos inventamos las vacaciones, pero como si lo hubiese hecho, porque Jorge ha vuelto a su casa y yo tengo mucho que estudiar.
La principal gracia de que no nos coincidan las vacaciones de Semana Santa con el resto del país es que... eso, no coinciden, por lo que cada año, Jorge y yo tenemos que acompañar al otro a clase durante por lo menos tres días.
Eso por un lado mola, porque durante unos días es como si compartiese con él mi día a día en la universidad, con el grupo de amigos de la facultad, y durante unos días puedo imaginarme que siempre es así, que no tengo que echarle de menos porque está en el césped, en la biblioteca o en la fotocopiadora conmigo. Y mientras dura es genial.
La gente que no me dice, bromeando espero, si me lo busco así de lejos porque no me gusta "que un novio me agobie", suele mirarme con cara de pena y preguntarme si no es insoportable estar separados. ¿De verdad alguien espera que conteste que no?
Es muy diferente el tomárselo con calma y asumir que algún día nos podremos reir de todo esto, a pensar que es la situación ideal para dos personas que se quieren.
Te echo muchísimo de menos cosa.

Normalmente hacemos bastantes fotos cuando estamos juntos, pero esta vez no ha sido el caso, he tenido que pedir alguna para poder ilustrar este post.
No hemos tenido mucho tiempo como para salir de excursión, pasear y cosas así, salvo una divertida noche de parejas de cine y cena, entre los que estaban Deed, Treveron, Raven y Berlanga. ¡Genial, gente!
Fuimos a ver Monstruos Contra Alienígenas, en 3D. Entretenida y el efecto curioso, pero al menos yo, llegó un momento en que no noté apenas la tridimensionalidad, pero sí se veía mucho en los tráilers... quizá esta película no estaba tan preparada para eso.

Nos hemos dedicado a estar juntos, que es lo que importa, y esta vez, en especial, a los videojuegos.

En nuestro anterior aniversario, me regaló el juego Okami para la PlayStation y desde entones hemos jugado cada vez que nos veíamos, y por fin nos lo hemos acabado.
Maravilloso. No puedo decir que es mi juego favorito porque están ahí los Zeldas y el Tales oF Symphonia, pero supongo que está junto a ellos. Aunque tenga cosas tan molestas como algunas misiones secundarias horriblemente difíciles y con poca compensación, y de esas en las que si no haces algo muy concreto en un momento aún más concreto (en el que estábamos demasiado alucinados como para darnos cuenta), la fastidias y adios a completarlo al 100%.
Es un juego increíble, que siempre recomiendo a todo el mundo. No es solo el hecho de llevar a un lobo (que mola un montón), la encarnación de la Diosa Amaterasu en una especie de japón medieval con la misión de salvarlo del poder de la oscuridad, utilizando los poco a poco recuperados poderes divinos y un pincel celestial para realizarlos... ¡Es todo!
La estética es muy original y preciosa, como si todo fuese una pintura oriental tradicional, pero sin llegar a marear o desorientar al jugador, así que se disfruta muchísimo. La banda sonora es preciosa y de esa que acabas tarareando a la hora del desayuno. La historia es mucho más de lo que puedes leer en cualquier sinopsis, mucho más profunda, y que se te va descubriendo poco a poco, mientras avanzas.
Los personajes secundarios, algunos poco definidos, otros a los que llegas a odiar mucho... pero en general muy vivos.
Así que ya sabéis, tenéis que jugarlo.

Como nos gusta tener algún juego que jugar juntos, había que empezar otro, claro. Yo llevo un tiempo indagando en el mundo del Abandonware y las aventuras gráficas. Después de huir despavorida del Maniac Mansion (demasiada tensión para mí) y disfrutar el Día del Tentáculo, mirando la lista de juegos que había bajado, le pregunté a Jorge por el Loom, que él ya había jugado hace tiempo.
Un par de horas, como mucho tres, después, veíamos el final. Si no lo conocéis, no penséis que somos unos genios, es que es bastante corto.
Es un juego precioso y muy original. Incluso para su época, los primeros planes de personajes están muy conseguidos y para mí los montoncillos de píxeles tienen un encanto ... inexplicable.
Se diferencia de otras aventuras gráficas en el sistema de juego. Aquí no hay objetos y acciones a los que darle con el ratón, solo hay objetos seleccionables y tu bastón de "Tejedor", y las canciones que vas aprendiendo, que consisten en acciones desde "abrir" a "despertar".
Loom significa telar. En el mundo del Loom existen diferentes gremios en los que se organizan y viven sus habitantes, como los Tejedores, los Cristaleros, los Guardabosques, los Pastores... y sus oficios suelen definir parte de su caracter, como el amor de los Cristaleros por las cosas brillantes y claras...
Bobbin Theadbare es un miembro joven de los Tejedores, gremio cubierto de misterio. Se supone que en el telar de su templo se puede manejar el mismo tejido de la realidad. Son los magos de este mundo, y sus hechizos se realizan con música.
Al principio del juego desaparecen los miembros del gremio, dejando solo a Bobbin, que emprenderá un viaje para intentar descubrir qué ha ocurrido. Y no pienso dar más detalles, o acabaré reventandolo.
Después, empezamos a jugar a The Dig, aventura gráfica que fue concebida por Spielberg como una película. Y aunque he avanzado un poco desde que se fue Jorge, he decidido dejarlo donde está para seguir este verano.
Así que he empezado a jugar al Indiana Jones y la Última cruzada. Este juego existe en disquettes en algún lugar de mi casa, comprado hace muchos años, cuando mi madre pasó horas jugándolo y yo mirando. Ahora lo estoy jugando yo y me encanta.
Pero he de reconocer que soy débil y acabando mirando demasiado las guías, sobretodo por impaciencia, que es muy mala a la hora de jugar a este tipo de juegos.

También vimos Planeta Tierra, la película/serie de la BBC, conocida por la historia del oso polar, o la escalofriante caza del tiburón blanco, en la que saca todo su cuerpo (entre una y dos toneladas) por encima de la superfície del agua. Y yo me encogí de terror, qué le voy a hacer ¡me dan miedo!. Ni siquiera he visto Tiburón, solo un montón de documentales, y los tiburones me provocan auténtico pavor. Me provoca angustia incluso ver fotos.
Por supuesto sé que no son ningún tipo de asesinos devoradores de humanos, eso son idioteces. Pero cuando veo que el Mediterráneo, aunque raro, forma parte de su distribución, me planteo la posibilidad de no volver a meter un pie en el mar.
La película cuenta, desde el punto de vista de distintos animales, como una familia de osos polares, una manada de elefantes africanos, una ballena jorobada y su cría, etc, lo difícil que puede llegar a ser vivir en nuestro planeta, sobretodo si cada año sufre más cambios, de los que ellos no son del todo conscientes pero que afectan totalmente a sus vidas.
Es sobrecogedor. Y por supuesto, además de maravillarte con unas imágenes preciosas, te hace sentir sumamente culpable.


Aunque en realidad es el día 28, mis padres celebraron el domingo pasado sus Bodas de Plata, lo que significa que llevan 25 años casados, unos cuantos más juntos.
Me quejo muchísimo de mi familia, reunida por primera ver al completo desde esa boda y con algunos nuevos miembros como Jorge o mis... queridísimos primos, pero salvo algunas ocasiones, sabéis que no podría pedir unos padres mejores.
Me siento mal por no regalarles nada, pero, no tengo dinero para un regalo a la altura, ni he tenido por ahora una idea acorde al momento para hacerselo yo misma. Tuve la idea de hacer una pequeña tarjeta o cuadro usando fotos, hojas y alguna otra chorrada, pero necesito mucho tiempo y además... no es que tengan precisamente prohibida la entrada a esta habitación, que sería mi taller, así que me resultaría muy difícil mantenerlo como sorpresa.
Ahora mismo no tengo tiempo... pero creo que si se me ocurre una idea buena, más sólida y válida, no les importara que se lo de tarde.
Me siento mal porque, para mí, es una fecha muy especial, porque les quiero y me alegro infinitamente por ellos, que son una de esas parejas felices que tanta envidia me dan, pero con la que además vivo.
Cuando estaba en el colegio, no recuerdo exactamente porqué, tuvimos que hacer una especie de trabajo que consistía en hacer una lista con las cosas que considerábamos más importantes. Yo puse en primer lugar a los amigos, mientras la mayoría ponían a su familia. Supongo que en ese momento no lo pensé tanto, simplemente si tuviese que elegir, me quedaría con mis amigos, entre los que se incluían e incluyen mis padres.
Pero al final lo cambié, con tal de no explicarle a mi profesora que no sentía ese aprecio familiar... "¿sanguíneo?", por mi familia, puesto que yo no los había elegido, si no que estaban ahí, sin más.
Puedo apreciarles más o menos, pero siempre pienso que si no me "los hubiesen impuesto", no serían personas a las que buscaría como compañía, y de los que me avergüenzo demasiado a menudo como para ser saludable.
Y cada año que pasa estoy más convencida de eso. No quiero a mis padres por el simple hecho de serlo, por haberme dado la vida (que no quiere decir que no se lo agradezca, ojo), si no por todo lo que me han dado desde que nací, que no es lo mismo, no sé si me explico.
Es especial que celebren el estar juntos, al menos a mí me lo resulta, quizá porque eso de "estar juntos", para mí ahora tiene mucho más significado que dos palabras juntas.
Celebraron una comida, reuniendo, como ya he dicho, por primera vez desde la boda, a ambas partes de mi familia. Tuvieron el maravilloso detalle de asegurarse de elegir una fecha en la que Jorge pudiese asistir, porque querían contar con él. Eso para mí ha significado mucho; significa que le aprecian, que le cuentan como parte de mi vida y de la suya.
Y mi padre tuvo un detalle precioso. El ramo que hay más arriba, es prácticamente idéntico al que mi madre llevó en la boda. A mi madre y a mí nos encantan las rosas amarillas, y ahora el salón huele genial. Cuando se sequen un poco, me encargaré de guardar algunas (colecciono rosas secas, sí). Y por alguna razón, mi padre suele regalarle orquídeas en las ocasiones especiales.

Y el resto de mis vacaciones las pasaré estudiando, pero no me quejo.

12 de abril de 2009

Willow y Oz - Mi historia de amor favorita II




[Comic: X-Men - Las Historias Jamás Contadas]
[Serie: Sailor Moon]

Hace ya casi un año hice el primer post sobre Oz y Willow, y ahora me propongo continuarlo. Como la otra vez, me pasaré por el forro la mayor parte del argumento de la serie, a no ser que sea absolutamente necesario para explicar alguna cosa.
Con esto quiero decir que en la serie pasan infinitas más cosas de las que yo menciono. Es una serie con bastantes personajes protagonistas y varias subtramas además de los principales arcos argumentales y todo eso, no vayáis a pensar que es solo en lo que yo más me fijo, que es de lo más secundario.
Una cosa, Alyson Hannigan sale muy poco favorecida en todas las capturas que cojo, no sé porqué... todos sabemos lo mona que es ella.

Quizá no debería ponerme con algo tan romántico justo ahora, Jorge ha vuelto a Vigo esta mañana, pero vaya, es lo que me pide el cuerpo. Te echo de menos cosa.

2x10 - ¿Qué es lo mío? II
Aún hablando sobre el tema de las profesiones que les otorgan los tests realizados, Buffy y Willow se paran en mitad del pasillo. Al fondo se ve a Oz, que enseguida se gira hacia ellas.

Buffy: No mires Will, no mires, ese chico que está allí no hace más que mirarte.
Willow: ¡Oh! ¡Es Oz! Sólo expresa su solidaridad con los pardillos informáticos.
Buffy: ¿Sí? ¿Entonces por qué está viniendo hacia aquí?
Oz: Hola..
Willow: ¡Hola!... Tu pelo... es castaño.

Curioso, este chico llega a tener cuatro o cinco colores de pelo distintos a lo largo de su estancia en la serie.
Oz: Sí... a veces... Bueno, ¿Has decidido convertirte en una experta en ordenadores?
Willow: Oh... pues creo que antes debería terminar en el instituto, ¿Y qué tal tú?
Oz: Lo mío no es realmente la informática ¿Sabes? En el fondo no me gusta ningún trabajo.
Willow: ¿Y por qué te han seleccionado?
Oz: Verás... hice bien el test, ya sabes, eso es bueno, pero te obliga a elegir un trabajo.
Willow: ¿Es que no tienes ninguna ambición?
Oz: ¡Oh sí! Mi bemol novena disminuida
Willow: ¿Qué?
Oz: El mi bemol es muy fácil, pero novena disminuida ya e sun acorde peligroso.. ¡Puedes perder un dedo!


Derrocha genialidad el chico, y eso que aún no es un hombrelobo.

A Buffy se le asigna la profesión de policía y la oficial que parece haber asistido para hablar a los chavales de su trabajo, ataca a Buffy nada más verla. Son cosas que pasan en esta serie, todos los malos quieren acabar con la Cazadora, aunque sea en mitad de un instituto. Gritos, disparos, atrezzo destrozado...
Oz empuja a Willow, recibiendo un balazo en el brazo.
Esta es una de las primeras apariciones de Jonathan, ese chico que aparece durante toda la serie para en una de las últimas temporadas convertirse en parte del trío malvado formado por frikis que son entre muy patéticos e increíbles que consiguen putear a base de bien a Buffy y ... no puedo evitar decirlo, lo siento ... ¡Matar a Tara! Muahahahahaha.
Bueno, cuando todo se calma

Oz: Me ha herido... es una sensación rara y ... dolorosa.
Aquí ya demuestra que todos sus diálogos van a ser así de... informativos. ¡Y está tan mono cuando sonríe!

Final del capítulo, Oz, con el brazo en cabestrillo, saca un paquete de galletas e una máquina.
Oz: Hola, ¿quieres una galleta?
Willow: No, gracias... ¿Qué tal tu brazo?
Oz: Ya no me duele
Willow: ¿Y vas a poder tocar la guitarra bien?
Oz: Bueno, bien no, pero no peor.
(Willow le quita la bolsa para abrirsela, porque él no puede)
Willow: ¿Sabes? No te lo agradecí bastante...
Oz: No me lo agradezcas, no me gusta que me den las gracias, me pongo colorado, tengo que esconderme. No es agradable.
Willow: Pues entonces, olvida el asunto. Sobretodo, esa parte de... deberte la vida.
Oz: Oh mira, un mono, y tiene un sombrerito. (está sacando galletas)¡Y pantaloncitos!
El mono es el único animal que lleva ropa, ¿Lo sabías?
(Willow se ríe)
Tienes la sonrisa más dulce que he visto....¿Los demás animales no se sentirán como desnudos? Quizá el hipopotamo diga Eh tú, ¿Dónde están mis pantalones? ¡Yo también tengo mi dignidad!. Y el mono le dice: ¡Te fastidias, yo soy el único que lleva pantalones!
Y luego dan un gran "palabra que no entiendo, pero que suena francesa, probablemente es otra de sus referencias" en el zoo.
Willow: ¿El mono es francés?
Oz: Todos los monos son franceses, ¿No lo sabías?


Se alejan por el pasillo y yo me derrito entre una mezcla pringosa de azúcar y miel.


2x13 - Sorpresa
Hablando sobre aprovechar momentos, atravesando el patio del instituto, Buffy y Willow ven a Oz.

Buffy: ¿Cómo va la cosa? ¿Te gusta?
Willow: Es simpático.. me gustan sus manos.
Buffy: La fijación en un detalle insignificante es una clara señal de enamoramiento.
Willow: Pero no sé... está en último curso. (Qué inocente y adorable es)
Buffy: ¿Te parece viejo porque esté en último curso? ¡Por favor! Mi novio tiene 200 años.
Willow: ¡Es verdad! Supongo...yo no...
Buffy: No puedes pasar el resto de tu vida esperando a que Xander se de cuenta de lo maravillosa que eres. ¡Haz algo! ¡Lánzate a hablar con él!
Willow: Pero,¿Y si intento hablar y me responde con un silencio? (je, la llevas clara, si más adelante va a tener más o menos una frase por capítulo...)
Buffy: No lo sabrás hasta que no lo intentes...

Willow: Hola..
Oz: hola..
Willow: ¿Es que teneis concierto esta noche?
Oz: Oh, no, ensayo, nuestro grupo está cambiando de sonido y se nos da fatal, así que, a ensayar.
Willow: A mí me parece que tocáis muy bien.
Oz: Gracias...
Willow: Seguro que tienes muchas groupies...
Oz: Sí... (me los voy a comer a él y su sonrisa de modestia, ñiiii)... pero ahora paso de las groupies, estoy limpio.
Willow: Oh... (sonrisa incómoda)
Oz: Quería pedirte que salieras conmigo mañana, y eso me pone un poco nervioso...es interesante.
Willow: Pues si te sirve de alivio, voy a decirte que sí.
Oz: Sí me alivia, ya me siento más a gusto. ¿Salimos mañana por la noche?
Willow: ¡Anda, no puedo!
Oz: ¿Ves? Me gusta que seas imprevisible.
Willow: Es que es el cumpleaños de Buffy y vamos a darle una fiesta sorpresa.
Oz: No importa
Willow: Pero puedes venir... si te apetece
Oz: No quiero molestar
Willow: No.. qué va, podrías ser mi ... pareja.
Oz: Está bien iré.
(secuencia de gestos incómodos y sonrisillas de ambos antes de que ella se marche)
Willow: He dicho mi pareja....

Veamos, hasta ahora, Oz no sabía nada sobre que Buffy es la Cazadora, nisiquiera una constancia real de la existencia de monstruos, y durante la fiesta presencia, como no, una pelea. Es otra de las tradiciones de la serie que llevan a Buffy a decidir no celebrar su cumpleaños.
Todos los presentes, salvo la madre de Buffy, lo tienen asumido, pero él no tenía ni idea.

Oz: ¿Habéis visto cómo se ha convertido en polvo ese tío?
Willow: Bueno... más o menos.
Xander: Sí, los vampiros existen y en Sunnydale hay muchos, que te lo cuente Willow.
Willow: Ya sé que al principio cuesta aceptarlo...
Oz: Creo que ahora lo entiendo todo.

Y es aquí donde Oz se une al grupo de los Scoobies, los amigos de la Cazadora. Con lo de "todo" se refiere a que siempre ocurren cosas extrañas en el pueblo, infinitas desapariciones y destrozos sin explicación.
Cuando parece que todo ha terminado, aparece en la puerta un último regalo para Buffy, un brazo cortado dentro de una caja que intenta estrangularla.
Aquí tengo que tener en cuenta también a Xander, que para mí es el segundo en frases geniales en esta serie (realmente dice muchísimas más, pero... eh, yo estoy hablando de Oz)

Xander: Pues es un regalo muy original para hacerle a una Cazavampiros que tiene de todo.
Willow: ¿Qué era eso?
Oz: Parecía un brazo (poniendo su cara de interesante, la de decir obviedades)

Y conforme avanza la serie, el chico va apareciendo más, y por eso solo con dos capítulos me ha salido esto tan largo, así que lo dejo aquí por hoy. Qué ganas tengo de llegar a sus momentos estrella.

Me encanta la evolución de ambos, como amigos, pareja y como personas, porque ambos provocan cambios en el otro... es tan.. natural. Y si sigo, me voy a poner muy pastelosa, pero ya lo dije en el primer post, son como, al menos desde mi punto de vista, debe de ser una pareja de verdad. Así que no me queda otra que aprender magia y que Jorge tenga problemas en luna llena.


1 de abril de 2009

Luna Roja - Aullido III




[Sonando: Mi profesor de Biofísica]
[Comic: X-Men]
[Anime: Soul Eater #51]


Luna era una adolescente más o menos normal, aunque depende de a quién le preguntases.
Sus padres no solían tener quejas de ella, aunque como a cualquier padre que se precie, les gustaría que sacase mejores notas y a veces, que se comportase más como las demás chicas de su edad.
Iba al instituto todos los días, hacía sus deberes y exámenes, veía la televisión, jugaba con el ordenador…
Tenía dos grandes pasiones, la música y la literatura. Luna era capaz de pasarse el día entero tirada en la hamaca del porche de su casa leyendo algún libro enorme. Otras veces, sobretodo cuando estaba empezando, tenía tales llagas en los dedos por culpa de las cuerdas de la guitarra que no podía sostener un libro.
No sentía ningún interés por los chicos, la ropa de moda o el comportarse como si ya fuese adulta a sus 15 años, como sus compañeras de clase. Prefería disfrutar de lo que le gustaba considerar que aún era su feliz infancia, pero con más conciencia para disfrutarla que con 6 años.
A pesar de eso, Luna prefería llevarse bien con todo el mundo, porque le gustaba sonreír y bromear siempre, sin preocuparse por odiar a nadie o contestar de mala manera. Y le daba igual si los demás fingían amabilidad y se reían después de ella, porque en realidad solo le importaba lo que pudiesen pensar dos de las personas que veía cada día en el instituto. La más importante era Diana.
Como toda mejor amiga debe ser, Diana era la única, personal e intransferible de Luna. Aunque las dos amigas no solían decirse estas cosas, les sonaba tonto, ridículo, y les entraba la risa. Quizá porque otras personas lo usaban demasiado a la ligera. Ellas preferían respetar la intimidad de su amistad, sin atosigarla y solo recordárselo la una a la otra algunas veces, cuando era realmente necesario.
Compartían libros, discos, tebeos, ropa, bromas privadas, historias… hasta el silencio de sus conversaciones, tanto de las serias e importantes como las banales y absurdas que solo llevan a las carcajadas.

Por eso y mucho más que las unía, a Luna le estaba costando mucho esa mañana no interrumpir el parloteo de su amiga para contarle todo lo que había pasado.
Ni siquiera conseguía ordenarlo todo muy bien en su cabeza, pero la simple idea de estar escondiéndole algo parecía estar destrozándole las entrañas. Al mismo tiempo intentaba imaginarse la reacción de Diana, como cambiaría su ahora expresión ofendida cuando oyese lo que ella había vivido la pasada noche.
Le estaba hablando de las notas de un exámen de matemáticas, el primero en mucho tiempo en el que no había conseguido una calificación perfecta. Luna habría sonreído, si la hubiese estado escuchando, porque cuando Diana se enfadaba por algo así y se lo contaba por enésima vez, aunque ella había estado presente y recibiendo su propia nota, mucho más baja, hablaba cada vez más rápido y sus frases perdían sentido progresivamente.
Pero estaba demasiado preocupada.
-¡Y entonces me lo dice como si me contase un chiste! ¿Te lo puedes creer? ¡No puedo soportarlo! ¡No deberían dejar a un humorista de pacotilla darnos clase! ¡Oh, miradme, estoy dándole un nota baja a Diana, miradla toda como si estuvieseis en el zoo! – gesticuló haciendo que su pelo rubio se agitase sobre sus hombros.
Luna se esforzó por volver al mundo real.
- Diana, cálmate, imagínate que está por aquí cerca y te oye, dejarán de ser chistes. No fue una nota baja, no te preocupes, nadie va a vetarte la entrada en la universidad por un 9’75. - suspiró
Si Luna conseguía no suspender un exámen tras otro era gracias a su amiga, la inteligentísima Diana tenía una especie de talento natural para los números y las ciencias en general; y también para hacérselos entender a Luna.
En lugar de torcerse de horror ante una espeluznante historia de hombres lobo, Diana la miró aún más ofendida, con reproche.
Los ojos era una de los rasgos de Diana que más llamaban la atención, porque eran verdes, pero alrededor de la pupila eran amarillos y a Luna le fascinaba mirarlos.
Pero en aquel momento recordó otros ojos, completamente amarillos y, asustada y avergonzada, apartó la vista hacia el resto de la cara pálida y pecosa de su amiga, que seguía torcida en una mueca de enfado.
- Sabes perfectamente que no me enfado por eso, es por haberse reído de mí…
Luna no tuvo tiempo de contestar, unas manos se apoyaron en los hombros de las dos amigas, apartándolas dejando paso a una mata de pelo castaño rizado.
- ¡Buenos días! ¿Me he perdido algo? – preguntó alegremente el recién llegado.
-¡Berto! ¡Claro que te has perdido algo! ¡A ese imbécil riéndose de mi…! – Diana volvió a la carga, tenía un nuevo objetivo sin informar de la gran tragedia.

Roberto era la segunda persona a la que Luna le contaría lo que había pasado, seguro que le parecería lo más guay e increíble del mundo y empezaría a pedirle detalles. O al menos así se lo imaginaba ella, siempre fascinado por miles de cosas sobrenaturales. Pero que ocurra de verdad es algo muy diferente, ¿Se lo tomaría igual que cuando veían una película y comentaban lo genial que sería que ocurriese de verdad?
Los tres disfrutaban hablando de héroes, magos, vampiros y todo tipo de seres sobrenaturales. Pero de pronto a Luna empezaba a dudar.
¿Le estaba pasando algo genial o una horrible pesadilla?

Luna escuchó sin abrir la boca la conversación de sus amigos.
- ¿Por qué no has venido a primera hora?
- Parece mentira que lo preguntes, ¡Es final de mes! ¡Novedades en la tienda de cómics! ¡Traigo material fresquito! – exclamó el chico orgulloso señalando su mochila con el pulgar.
- Podrías haber esperado a esta tarde para que fuésemos los tres y no perder clase…
- Ya sabes que entonces me paso el día entero desesperado y habría sido como si no hubiese venido a clase – contestó en el tono aburrido que siempre utilizaba para explicar cosas que daba por hechas, moviendo de forma exagerada una mano delante de la cara de Diana – en el recreo me contáis si ha habido algo interesante en la primera clase y os enseño la mercancía – terminó con una amplia sonrisa.
Diana resopló, dándose por vencida.

Luna seguía pensando en Kiiroshi, en que en unas horas le daría explicaciones, esperando con todas sus fuerzas que le dijese algo así como “pero puedes olvidarte de todo esto si quieres y seguir con tu vida”.
Y al mismo tiempo, estaba intrigada, ansiosa por saber más.

- ¡Despierta Luna! – Berto interrumpió sus pensamientos.
Por unos segundos, se le quedó mirando, desorientada. Roberto era bajito para su edad, y su cabeza siempre parecía desproporcionada gracias a que su pelo rizado hacía mucho que no veía un peine y rara vez unas tijeras.
El resto de chicas del instituto le consideraban un chico guapo, y aunque no tenían pensado admitirlo nunca, Luna y Diana también. Tenía los ojos castaños y casi siempre perdidos y soñadores. Sus labios gruesos siempre estaban torcidos en una gran sonrisa, preparados para dejar libre algún chiste o pensamiento sin sentido que flotase por su cabeza, por lo que además de guapo, las demás chicas del instituto le consideraban un chico raro y no solían hacerle demasiado caso.

Luna sacudió un poco la cabeza, alejando la imagen de los ojos amarillos.
- Perdona ¿decías algo?
- Decíamos que podríais venir a comer a mi casa hoy, mis padres no van a estar y tendremos la tele grande del comedor y la videoconsola para nosotros.
- ¡Genial!- exclamó casi demasiado emocionada acabado en un gruñido – pero no puedo… - no podía decirles lo que iba a hacer sin contárselo todo. Y eso sí que no podía hacerlo. Al menos no por ahora, primero tenía que entenderlo ella, saber exactamente qué era lo que tenía que contar. Sí, era una buena excusa para aplazarlo.
- ¿Por qué? – preguntó el chico extrañado
- Es que… - se le secó la garganta solo de pensar en mentir a Berto – anoche los del grupo decidieron ensayar hoy también… lo siento.
Y con cada palabra sufría pequeños pinchazos en el pecho, pinchazos de culpabilidad.
- Vaya… - se encogió de hombros decepcionado – bueno…

Apretó dientes y puños, enfadada. Sería tan fácil contárselo todo, ser sincera con sus amigos…
Se rascó el brazo, intentando parecer distraída, como si no lo estuviese pasando fatal, porque entonces no pararían de preguntar hasta que les explicase todo. Y se encontró con algo extraño ¡Había empezado a crecerle el pelaje rojizo cerca del codo! ¡El mismo que la había cubierto la noche anterior!
No podía transformarse allí en medio del instituto, delante de todo el mundo. Conforme intentaba pensar en algo, cada vez más nerviosa, notó como la zona invadida por el pelo, aún bastante corto, se extendía.
- ¡Tengo que ir al baño! – exclamó echando a correr. Tenía que esconderse, no podían verle así. Esperaba que no se hubiesen fijado en su brazo, o su cara de susto, ni siquiera sabía si habían seguido hablando.
Atravesó el pasillo corriendo, intentando esquivar a todo el mundo, entró en uno de los baños, cerrando la puerta de un portazo y se dejó caer, apoyando la espalda en ella, intentando recuperar el aliento.
Se quedó mirando fijamente la pared, escuchando lejanamente las voces de todos los que chillaban en el pasillo o de las chicas que entraban al cuarto de baño manteniendo conversaciones y grititos estúpidos. Sintió ganas de salir y gritarles que se callasen, que a nadie le importaba quien se había liado con quien, ni quien llevase ropa pasada de moda, porque ella tenía problemas de verdad.
Como por ejemplo que su brazo ya estaba completamente cubierto de pelo y sus manos estaban empezando a cambiar de forma, pareciéndose más cada segundo a unas garras. Hervía de rabia, contra aquellas chicas cuyas voces retumbaban en su cabeza, contra sus amigos por haberse quedado en el pasillo y no buscarla, no preocuparse por ella…
Y por encima de todo, sentía un odio superior contra …¿contra qué? Ni siquiera podía explicarlo, era como estar rodeada de todas las cosas que le molestaban o hacían daño, al mismo tiempo, sin poder llegar a distinguir ninguna. Y eso parecía estar apunto de hacerle estallar la cabeza.
Se levantó, apoyándose en las paredes abriendo los brazos, intentando mantenerse en pie. Si conseguía moverse, salir de allí y destruir todo lo que le estaba haciendo sufrir, se acabaría, podría respirar tranquila…



****

Llevo mucho tiempo dándole vueltas a este capítulo y a los dos personajes nuevos.
Ella, está basada físicamente en la que fue mi mejor amiga del colegio.
Él es una mezcla de muchos buenos amigos. En mi cabeza, tienen una apariencia física muy concreta, especialmente Diana, pero al mismo tiempo, los percibo como a Willow y Xander en Buffy.
Iba a continuar, no tenía pensado dejarlo así, si no hacerlo cerrado, como los dos anteriores, pero he visto que me estaba quedando muy largo, sobretodo porque iba a incluir a otro personaje, además de volver a aparecer Kiiroshi, y me ha parecido excesivo. Así, tendré más tiempo para rumiarlo mejor.

Sé que estoy cayendo en muchas cosas típicas de series y libros que todos conocemos. Pero lo cierto es que muchas veces estas cosas no están contadas como a mí me gustaría y por eso siempre he tenido ganas de escribir esto, para contarlo a mí manera, aunque no se note...

En fin, espero que os haya gustado.