24 de marzo de 2009

Enid Blyton - El Árbol Lejano




[Sonando: Gente en la biblioteca]
[Libro: Enid Blyton - Varios]
[Anime: Soul Eater #49]
[Película: Batman Returns (a medias)]





:Hace una semana, no me preguntéis porqué, me dieron muchas ganas de volver a leer los libros de Enid Blyton de El Árbol Lejano.

Me gusta considerar a Enid Blyton como si fuese una de mis maestras de la infancia (de hecho esa era su profesión), y si sabéis algo de ella o de su obra y me conocéis a mí, estaréis pensando que vivo en una gran incoherencia.
Se le ha acusado de racista y sexista, con mucha razón, tengo que admitirlo, pero por alguna razón, ninguno de esos mensajes feos se quedó en mí cuando leí esos libros hace años.
Muchos de sus libros han sido modificados en sus últimas publicaciones para corregir algunas cosas bastante bestias en lo que a racismo se refiere. O también para modificar los nombres de los protagonistas, porque tienen interpretaciones bastante poco delicadas en las formas coloquiales de según qué países.
La modificación que menos gracia me hace es la que gira alrededor de un personaje, que da bofetadas a los niños maleducados y en cuyas versiones más modernas sólo grita, para no hablar del uso de castigos físicos con los niños. Siento si suena bruto pero conozco varios niños a los que los gritos y la ausencia de las llamadas “tortas a tiempo” han llevado a ser auténticos monstruos a los que me horroriza considerar parte de mi familia.
Sobre el sexismo, casi siempre hay partes iguales de personajes masculinos y femeninos, cada parte cumpliendo su “papel de género” demasiado claramente para mi gusto.
Pero, aunque suene incoherente, nunca me quedé sobre esa idea, nunca me inculcó ese mensaje sobre la vida.
Quizá porque al mismo tiempo que tenía personajes femeninos de esos que tan poco me gustan, tan finas y delicadas, tan preocupadas por su vestido y los actos correctos, estas solían sufrir alguna desgracia por culpa de su estupidez y allí estaba Jorge, que era como yo quería ser. Georgina no quería ser una chica, porque las chicas son débiles y tontas, si no que quería ser tratada como un chico, a los que se permite hacer más cosas, sin preocuparse de su vestido o de si se ensucian o despeinan. Sí, suena sexista, pero si esas cosas aún ahora son así, en aquella época era mucho más exagerado. Y es algo de la actualidad que sabéis que me desespera, el querer que las niñas sean tan femeninas que se roza la ridiculez.
Y ella se atrevió a crear a Jorge, que se ha convertido en el personaje favorito de toda la obra de Blyton de mucha gente. Y algo que me espantaba era pensar que si se le hubiese ocurrido contar las vidas de los chicos algunos años después, es si Jorge se convertiría en una “chica de verdad”, habría destrozado todo mi mundo.
No creo que su intención en realidad fuese explicarle a los niños que chicos y chicas tienen distintos papeles en la vida y se deben cumplir a rajatabla, si no mostrar que esos papeles existen en la sociedad, en especial en la que vivió ella, a principios del siglo XX y que no hay obligación de respetarlos y hacerlo tan fielmente es estúpido. Yo veo más un torno de burla y reproche a esa aceptación que una firme creencia.

Tampoco es que fuese una gran escritora, sus historias son muy simples y no están contadas de la mejor manera del mundo, además de llegar a ser bastante repetitivas.
Pero al mismo tiempo, creó varios mundos geniales y nos contaba historias sobre niños normales como nosotros corriendo aventuras maravillosas que a todos nos habría gustado compartir con ellos, o ser ellos. Es curioso como por ejemplo los tres niños protagonistas de El Árbol Lejano apenas están descritos o caracterizados. Se puede interpretar esto como que no sabía escribir o como que permitió que cada niño lector se pusiese en su lugar.
Los niños de estos cuentos podían explorar sus mundos sin tener a sus padres encima, con total libertad. No es que tenga queja de mis padres pero creo que todos hemos tenido ese momento en que queremos perdernos por aquel campo o montaña y no nos lo han permitido, por razones lógicas.

Sus libros han sido una gran influencia en muchas generaciones, mi madre los leía cuando era pequeña y luego me los pasó a mí. Y como detalle curioso, si habéis leido V de Vendetta y si no pues, me creéis y os vais a leerlo; V le lee los cuentos del Árbol Lejano a Evey. Que hasta Moore recuerde estas historias tiene que significar algo.
La primera vez que lo leí me costó bastante reaccionar, puesto que los nombres aparecen en inglés, pero recuerdo ponerme a dar saltitos.

Mi historia favorita es precisamente la del Árbol Lejano.
No recuerdo muy bien cómo la descubrí, quizá mirando libros en el mismo sitio donde descubrí a los Animorphs pero muchos años atrás. Ese sitio era una gran tienda de una cadena que ya ha cerrado y que estaba muy cerca de donde estoy ahora, la universidad.
Yo conocía a la autora por Los Cinco. Mi madre tenía algunos y me los prestó y una compañera suya del trabajo me prestó todos los demás.
Recuerdo que en aquella época, alrededor de 5º de primaria, nuestra tutora nos pidió que anotásemos todos los libros que leíamos y estaba bastante molesta porque solo hubiese dos o tres en mi lista que no fuesen de Los Cinco, y no pude hacerle entender que si me los habían prestado, tenían preferencia y tenía que leerlos para devolverlos.
Así que cuando vi el nombre de la autora en una colección encuadernada en verde y amarillo, tuve que leerla.
El Árbol Lejano es el árbol más grande de el Bosque Encantado, que descubren Tom (en realidad es Jo, cosas de la traducción), Bessie y Fanny al mudarse a vivir al campo por motivos de trabajo de su padre (nunca deja demasiado clara la vida de los adultos).
El bosque es lo que todo bosque encantado debe ser, con su ambiente oscuro y misterioso, sus árboles que susurran cosas a los visitantes y sobretodo sus habitantes mágicos: duendes, gnomos, animales parlantes, magos, brujas etc etc.
El Árbol Lejano es el más fantástico de todo el bosque. Un árbol enorme cuya copa supera la de todos los demás y llega hasta las nubes. Es tan grande que tiene un montón de habitantes que viven en casas en su tronco.
Conforme se trepa al árbol, se pueden encontrar todo tipo de frutos, desde bellotas a piñas. Y si quieres bajar desde su copa, no hace falta que te arriesgues a abrirte la cabeza deshaciendo lo trepado, si no que hay un tobogán genial en su interior, por el que bajar sentados en almohadones, que son devueltos a las alturas por una simpática ardilla colorada con jersey.
Y aquí mi estúpida deformación profesional se enciende y empieza a girar y chillar como loca, pero yo le doy un empujón y sigo leyendo.

Los habitantes y situaciones del Árbol Lejano rozan el absurdo, sin preocuparse demasiado por si resultan creíbles o lógicos. Y puede que esto moleste a muchos, pero es parte del encanto de los cuentos de verdad, lo siento.
La que más gracia me hacía era la Señora Lavarropas, cuya única ocupación y pasión como indica su nombre es la de lavar ropa, tirando el agua sucia y llena de jabón desde su rama, sin preocuparse por si moja alguien, cosa que ocurre con cada nuevo visitante al árbol, pero que los asiduos han aprendido a esquivar de forma casi instintiva.
El señor Comosellama(su nombre llega a aparecer pero es tan largo y con tan poco sentido que lo olvidan rápidamente), el Duende Furioso que lanza cosas sobre los que espían por su ventana, Cacharros, un señor que lleva un montón de trastos de cocina atados sobre el cuerpo y está bastante sordo… entrañable.
Seditas y Cara de Luna, los mejores amigos de los niños protagonistas. Un hada preciosa con el pelo dorado y suave que le da su nombre y un hombre viejo de cara grande y redonda, sabio y conocedor de magia.

Muchas de las aventuras de los protagonistas ocurren en el propio árbol o en el bosque, las otras, ocurren más arriba. Porque el árbol llega hasta las nubes, y en las nubes, hay otros mundos, mundos en movimiento.
Cada cierto tiempo un país distinto llega a la copa del Árbol Lejano. Algunos son maravillosos como el País de los Cumpleaños o el de HazLoQueQuieras o el de los Deseos. Otros son intrigantes y misteriosos como el País de los Hechizos o de los Secretos. Y otros terroríficos como el de las Bofetadas o el de los Enfados.
Y casi todos proporcionan alguna nueva aventura, quizá algo cortas y en ocasiones previsibles o demasiado sencillas, pero que yo he disfrutado igual y que son perfectas para leer cuando eres niño.

En uno de los libros, el último, que fue realmente el primero que leí yo, aparece una prima de los niños protagonistas, una niña repipi y pija, enamorada de si misma y de la sociedad elitista, egoísta, cotilla… y es aquí donde digo que no todo lo que pretendía enseñar Blyton era malo, porque gracias a su estancia con ellos y sus viajes a mundos fantásticos y encuentros con todo tipo de seres en el Bosque Encantado, aprenderá a ser, como mínimo una niña buena normal.
Otra historia que me encanta es la que habla de cómo de pronto, el árbol parece estar muriéndose, ya no da frutos y sus hojas se marchitan y resulta ser consecuencia de unos gnomos malvados que están buscando piedras preciosas en las minas abandonadas que hace años cubrieron las enormes raíces del árbol y ahora están cortando y maltratando para obtener sus riquezas.

Compartí estos libros con la que fue mi mejor amiga en el colegio, quizá por eso también son muy especiales para mí. A veces me imagino cómo sería si volviésemos a encontrarnos y de qué hablaríamos ahora que seguro que somos tan diferentes. Y sé que no podríamos evitar sacar el tema de los libros de Enid Blyton y los mil juegos e historias que imaginamos usándolos de fondo.

Ahora tengo 22 años y no me he aburrido volviendo a leer estos cuentos, supongo que es cosa de eso del niño interior.
Si os consideráis demasiado adultos para estas cosas(en cuyo caso os compadezco), os ruego que como mínimo lo consideréis para el día que queráis leerle un cuento a vuestros hijos. No por pretender enseñarles algo, hay demasiada creencia sobre que los juegos deben preparar a los niños para la vida adulta (como que las muñecas sirve para practicar para ser madre, es asqueroso), si no por darles un billete de entrada a la oportunidad de soñar con mundos fantásticos inocentes, que de eso ahora hay mucha escasez. He llegado a esta conclusión gracias a mi poco deseado contacto con demasiados niños para mi gusto. Los niños no necesitan espabilarse, en serio, no necesitan saber más sobre el mundo real. La infancia es para disfrutarla y hasta los propios niños lo han olvidado.
Me encuentro con niñas de 4 años pensando ya en zapatos de tacón y maquillaje, y lo siento pero a mí, al contrario de a la mayoría de mujeres de mi familia, eso no me parece gracioso, si no triste. Me encuentro con niñatos cuya mayor curiosidad es hacia el sexo y el ligar… y podría seguir eternamente, podría hacer kilómetros de posts sobre esto.

Desde que cerré el último libro (son 3) anoche, he estado pensando en cómo continuaría la vida de los tres protagonistas; seguramente Blyton ni se lo planteó y, también seguramente existe bastante fanfiction sobre el tema. Pero no me apetece buscar y leer la visión de otras personas, seguro que acabaría deprimida. Así que tengo la casi firma decisión de escribir yo misma algo, aunque sea un corto relato sobre Tom, Bessie y Fanny siendo adultos y volviendo a este mundo de su infancia., como he vuelto yo estos días y donde más a gusto me encuentro.
He decidido tomarme muchas licencias, en especial temporales, situando la infancia de los tres chicos junto a la mía propia, en lugar de en los años … 60, creo, más que nada porque así puedo escribir con más soltura, sobre los tiempos que conozco.
Y como no quiero que este post quede taaan largo como me está indicando el word, y tampoco quiero esperar a estar contenta con el relato para subirlo, lo voy a partir en dos y postearé el relato cuando lo termine, que puede ser mañana, o dentro de un año.

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