16 de diciembre de 2007




[Sonando: Lándevir]


Hace unos años empecé a escribir una historia, un cuento.
Esa historia y la de los licántropos cuyo principio postee son las que a veces rondan mi cabeza con nuevas ideas. También existe otro relato, pero ese lo escribí para Jorge.
A veces al escuchar una canción, ver a una persona o una serie, me vienen a la mente pequeñas imágenes que podrían ser la continuación de esas dos historias.
Sobretodo me vienen a la mente personajes.
Soy fan de los personajes. Quiero decir, una historia puede no ser lo más original y emocionante del mundo, pero si sus personajes te enamoran, no hay nada que hacer, ya pueden estar sentados jugando a la brisca, que seguirás atento.
Y creo que al revés no funciona, si los personajes de la historia mejor escrita del mundo no te dicen nada... la historia tampoco lo hace.
Al menos yo sufro de eso.

Hoy, no me pregunteis porqué he recordado esa historia. La llamé Arl-Brandor, que era el nombre de la aldea donde se reunían esos personajes que pululaban por mi cabeza. Todos estaban basados en personas, pero creo que muy pocos podriais reconocerlas. Tenía sus caras, gestos y voces en mi cabeza al escribir, pero al mismo tiempo, cambiaban y se convertían en algo nuevo. Y era mi responsabilidad darles una vida.
Hubo una persona a la que emocionó mucho el relato, me dijo que había dibujado a algunos de los personajes, entre ellos a uno de mis favoritos.
Pero nunca llegué a verlos.
Ahora, he releido las 15 páginas que llegué a escribir hasta que me atasqué por falta y exceso de ideas al mismo tiempo. Excepto algunos fragmentos en los que no me reconozco como escritora porque aún hoy me parecen buenos, la historia es bastante floja.
Aún así la idea inicial sigue ahí, y los personajes también.
Probablemente la idea de Arl-Brandor llegó a mi cabeza cuando viajé a Asturias. Me maravilló esa tierra, es mágica. Es como viajar en el tiempo cuando aunque sabes que no es así, en tu cabeza todo el planeta es gris cemento y brillante cristal.
Fue como ahora cuando voy a Vigo, y desde el tren puedo imaginar perfectamente criaturas mágicas viviendo ahí.
Y pensé que, podría existir, un lugar en el que existiese la magia y donde la gente viviese feliz, sin nada de nuestro "mundo real" si no como en cualquier libro de fantasía épica, en su aldea, con sus posadas, plazas, mercados, juglares, elfos y dragones. Sobretodo juglares.
Ay, cuánto mal me hizo Laura con Finis Mundi y Mattius...
Y sobretodo me obsesionaba la idea de la Historia Interminable, es decir, la magia y la fantasía muriendo. Por supuesto quería que mis personajes la salvaran de alguna forma.
Qué original ¿eh?
El problema es que ahora ya no tengo ideas concretas para re-escribir esta historia, no sabría como continuarla sin estropearla y aburrir a todo el mundo con mis ideas previsibles y cursis.

Los personajes.
Llevan en mi cabeza mucho tiempo, y los he utilizado en diferentes relatos de esos que puede que llegarán a leer dos personas antes de deshacerme de ellos muerta de vergüenza. Les cambiaba los nombres y algún detalle físico en la descripción, pero en mi cabeza eran los mismos.
Por supuesto todos ellos son adolescentes. Soy incapaz de escribir nada con adultos...
Primero estaba Kaytir, en principio la protagonista, aunque siempre he preferido los protas múltiples, por eso me gusta tanto X-Men.
Kaytir no sabe con seguridad qué edad tiene, porque tampoco sabe a qué raza pertenece; fue adoptada por una familia de lo que decidí dejar como hobbits, porque me encantan los hobbits y no pensaba preocuparme por problemas de derechos de autor. En mi cabeza Kaytir es como una kender, y por eso en muchas cosas se convirtió en como me gustaría ser mí. Kay es alegre, vivaracha, lista y sobretodo ágil y rápida. Trabaja de camarera en la posada de su familia, moviéndose a gran velocidad, trepando por los barriles y casi siempre con una sonrisa. Pero como es como yo, no podía evitar que tuviese mala leche.
No sabe a qué raza pertenece ni quien fue su familia biológica, y no le importa en absoluto, puesto que tiene a su familia, para ella, la de verdad.
Ika y Fogos creo que eran los personajes más arriesgados por llamarlos de alguna manera. Sabía perfectamente que su historia no podía convencer a nadie más que a mí. Ella estuvo a un pelo de desaparecer de la historia cuando patee de mi vida a la persona que me la había inspirado. Pero no pude. Ambos, hermanos, son la prueba de que la magia estaba muriendo. Dragones, ella azul y él rojo (porque siempre habían tenido esos colores en cada relato) últimos descendientes de la unión de las dos estirpes de dragones. Pueden cambiar de forma, humanos o dragones; pero pronto deben enfrentarse a elegir entre una de ellas, para siempre.
La vida humana supone sencillez y tranquilidad, la de dragón es la responsabilidad de proteger lo que queda de la magia. Pero la forma humana es pequeña, débil y está atrapada en el suelo.
Cada uno de ellos tiene una forma diferente de afrontar la inminente elección.
Los dos en su forma humana son altos y sobretodo imponentes; son pocos los que conocen su verdadera naturaleza, pero todo el mundo suele sentir un estremecimiento cuando están cerca, una sensación desagradable de miedo.
Fogos es otro de mis favoritos, con sus ojos, pequeña barba, sus patillas y su pelo corto, de color rojo vivo; su fanfarronería, su forma de hacer de todo una broma pero a la vez pudiendo ser muy agresivo.
Ika es belleza. Belleza de esa que puede dar hasta miedo. Tiene el pelo oscuro, largo y rizado, que al moverse produce reflejos azules, como sus ojos. Es amable y tranquila, casi siempre sonríe y bromea, pero tiene esa apariencia de infinita sabiduría, que a la vez provoca desconfianza, además en realidad sufre mucho por la futura elección.
Supongo que mi favorito es Robert, el chico soñador que vive en su propio mundo. Es el músico, el aprendiz de juglar que sólo parece pleno y feliz cuando cierra los ojos y toca su violín. Nunca se altera y siempre tiene en la boca algún comentario conciliador o responsable, eso cuando no contesta "Perdona, no te estaba escuchando". Demasiado delgado y desgarbado, con la melena larga y decuidada, de varios tonos de castaño y rubio, de ojos castaños grandes y soñadores.
Después estaba Thamyl, otra que estuvo muy cerca de desaparecer de la historia y aún hoy, si volviese a escribirla, me lo plantearía. Thamylian, la elfa del grupo. Maravillosa y perfecta belleza élfica, de larguísimo pelo castaño y ojos verdes.
Su papel en la historia no llegué a tenerlo muy claro. Los elfos que viven en los bosques cercanos a ArlBrandor, los bosques de Teikon, no quieren saber nada de los humanos. Saben que en el resto del mundo los humanos destruyen bosques y seres vivos. Por eso Thamyl tiene muchos problemas por seguir viendo a sus amigos humanos e incluso ir a la escuela con ellos, a aprender su cultura y su idioma.
Otro que no llegué a definir demasiado, era el pícaro, Cristian, que se colaba en la carreta de un grupo de artistas, titiriteros y músicos que se dirigen a Arl-Brandor para el festival de primavera y acababa encarcelado por robar comida. Pequeño, de piel morena y pelo negro, cortado de cualquier manera. Él conoce el resto de pueblos de las montañas, conoce las estrellas, los ríos...
El último protagonista, David, es la prueba de que todo esto ocurría en un mundo como el nuestro. Él y su familia vienen de la ciudad, de una ciudad grande y fea. Sus padres, snobs hasta la médula solo quieren presumir ante sus amigos de haber hecho algún viaje exótico.
Supuse que mucha gente debería saber de la existencia de Arl-Brandor y pueblos cercanos, pero la gente de ahora está demasiado ciega y sorda como para comprender lo que significa que aún pueda quedar magia en el mundo si esta no les puede ofrecer un gran negocio que explotar.
Una de mis ideas fue que el padre de David se diese cuenta de que, algo había en esas montañas, que podía darle dinero. Vamos, el principio del fin.
David lleva gafas, tiene el pelo oscuro y corto, bien peinado, y suele vestir con ropa cara. No cree en la magia, como buen chico de ahora y lo único que quiere es volver a su casa.
El último personaje que rondaba mi mente era el juglar Julien, desaliñado, con ropa de trozos de colores y sombrero grande, que cubre una cabeza repleta de historias, que sabe narrar como nadie. Piel morena, llena de cicatrices, grandes rastas rubias y supongo que lleva grandes botas.
Todo un galán, un mentiroso embaucador que tenía muchos puntos para ser un factor importantísimo de la historia, pero nunca lo tuve claro.

Escribía este cuento con la misma idea de los libros de Animorphs, desde diferentes puntos de vista. Cada capítulo lo narraba un personaje, con su nombre en el título, cada uno con el color que han llevado en el párrafo anterior.

Sería muy gracioso que dentro de un tiempo apareciese un libro por ahí, sospechosamente parecido a esto. ¿eh?
Más quisiera yo que alguien encontrase esto lo suficientemente bueno como para utilizarlo.

Igual algún día, igual mañana, seguramente nunca, vienen a mi mente ideas buenas para escribirles a estos personajes que tanto quiero, una historia de verdad. Hasta entonces, al menos los he presentado. Saludad chicos.

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