8 de mayo de 2007


Ganas de matar aumentando

[Sonando: Mägo de Oz - Dame Tu Amor ]
[Libro: El País de Los Kenders ]
[Comic: Generación X Vol II Tomo #2 ]
[Serie: Malcolm / Heroes ]
[Anime: Bleach #124 ]



(imagen de aquí)
Yoshin me ha echado el muerto para esto de contar 6 rarezas, y no voy a hacerle el feo. Igual vosotros conoceis otras más dignas de mención, pero ya sabeis que viéndose a uno mismo . . .

1- Para muchos es una rareza así que lo contaré como tal. No me siento ni quiero sentirme femenina, no me importan en absoluto las modas ni si mi ropa favorece mi figura. La simple idea de usar maquillaje me repugna, mi cara es la que es, al que no le guste que no mire. Por nada del mundo usaría tacones, ni zapatos femeninos comprime-pies. Odio las tiendas de ropa.
Tampoco me suele gustar la amabilidad o que me defiendan, o simplemente ser tratada de forma diferente (en un grupo de amigos por ejemplo) por mis cromosomas.

2- Me saca de quicio y me obsesiona la limpieza de los cristales de mis gafas. Al mover la cabeza veo los reflejos formados por restregones dificilísimos de limpiar y las rayas que tienen y desearía cambiarlos cada semana. Desde que tengo cristales antireflejantes agarran con más fuerza las manchas.
También soy maniática eligiendo monturas, porque odio acabar leyendo por encima o por debajo de ellas, así que cuanto más grandes mejor.

3- Si se me acaba la batería del mp3 y tengo por delante un largo camino de vuelta a casa, el mundo se me viene encima, creo que incluso pierdo el ritmo al andar. El camino se me hace mucho más largo si no puedo ir cantando mentalmente, conteniendo las ganas de gritar y bailar.
Mi mp3 también tiene una manía muy extraña y es que ignora por completo las canciones de los dos Gaias de Mägo de Oz y las canciones de Lándevir, que mi ordenador y otros mp3 han leído sin problema. Aún no ha llegado al nivel de mi jubilado Discman, que un día decidió dejar de leer cualquier CD pirata.

4- Tengo la poco sana costumbre de sentarme de formas extrañas, cruzándome de piernas, con una bajo el culo o encima de la mesa. Lo que me resulta incómodo, agotador y casi imposible es sentarme correctamente. Sí, me duelen muchísimo la espalda y las rodillas. Esto está relacionado y explicado con la siguiente rareza.

5- No es solo que me muerda las uñas, yo ataco también a mis dedos. Alrededor de las uñas están despellejados, y aunque me duelan, soy incapaz de dejar de tocarlos, rascarlos y mordisquear pielecillas, a veces ni me entero. Por eso suelo llevarlos con esparadrapo.
Esta manía tan asquerosa y relajante, según mi dentista es una de las mil agravantes de mi siguiente rareza.

6- ¿Veis la imagen de arriba? ¿Vuestra mandíbula se cierra así? ¿De verdad os coinciden ambas filas de dientes?
Genial. A mí no. Y la gente no me creía. La verdad es que toda la vida me ha sorprendido bastante ver calaveras en películas y libros, mis dientes nunca han encajado así.
Hay mañanas en las que, si no llevase un enorme aparato de plástico ahora, podría clavar los dientes inferiores en mi paladar, como antes.
Antes, hace un año, esto tenía un nombre doble y supercomplicado. Y ahora procederé a maldecir a los médicos que llevan todo este tiempo jugando conmigo al voleyball. Y nopienso usar ni un solo término médico, estoy aburridísima de ellos y no quiero tener que explicarlos.

A mi me dolía la boca, sentía como si alguien comprimiese mis dientes, de toda la vida torcidos y hacia fuera, para ponerlos en fila. Pensamos que podría deberse a las famosas mueles del juicio haciéndose camino.
Una radiografía (o resonancia, ya no sé cuando ni para qué me hice cada maldita prueba) reveló que ni siquiera poseo muelas del juicio.
También era preocupante el tremendo chasquido que emitía mi boca cada vez más a menudo cuando abría la boca para comer. A mí me hacía gracia, no me dolía en absoluto y las caras de la gente eran divertidas.
Aquí empezó un año de visitas contínuas al dentista, larguísimas explicaciones y teorías sobre mi mandíbula inferior más pequeña de lo normal, que además estaba mal colocada respecto a la otra.
Y además resultaba que si hubiera decidido dedicarme a la gimnasia ahora sería una estrella ya que mis tendones son tan elásticos que permitían desmontarse ligeramente la articulación de la mandíbula y todas las posturas raras que adopto al sentarme.
Después de otras tantas desagradables pruebas acabé con un plástico carísimo en la boca, que en teoría iba a corregir mi mala postura al morder.
A todo esto ya había pasado por dos médicos diferentes (ortodoncista y cirujano especialista respectivamente) que discutían la posibilidad de meter la apasionante cirujía en este embrollo. Aunque advierten que no creen que sea la solución.
Tras casi un año de los teóricos 6 meses de no poder comer cuando me diese la gana si no preocuparme de poder guardar y poder lavarme los dientes después para ponerme el aparato, resulta que los chasquidos de mi mandíbula no solo son más frecuentes si no que ahora me duelen como auténticos latigazos. Genial.
Pero ya sabeis que a mí los médicos no me hacen ni caso, les gusta más el voleyball que escucharme y ayudarme así que soy enviada a un tercer médico, también especialista, esta vez de la articulación de la mandíbula.
Este señor me explica de nuevo lo que ocurre en mi boca, muy amablemente, no tengo valor de decirle que lo sé, que estoy harta de explicaciones teóricas, quiero saber qué ocurre realmente en mi boca. Me explica además en qué consistiría el proceso pre y durante la posible operación que colocaría mi deformidad en su sitio.
Yo estoy más que harta del asunto, no me dan miedo los quirófanos, quiero que acabe el maldito dolor y el plástico en la boca. Insiste en que no es seguro del todo que solucione todo y me advierte de la posibilidad de perder la sensibilidad de la barbilla. También me advierte que de seguir así, algún día puedo quedarme con la mandíbula abierta o cerrada. Espero que sea cerrada y durante un tremendo constipado, para que me pase algo serio, tan serio como ahogarme y que de una puta vez se decidiesen a hacer algo de verdad, además de pretender que me pase el resto de mi vida con un plástico en la boca.
Bien, volvemos a ir al ortodoncista que me explica que, si estoy dispuesta, tendríamos que hacer planes con el cirujano para saber cuato hay que moverme los dientes de sitio mediante aparato, para que a la hora de movr la mandibula de sitio, estos encajen chachipiruli.
Acabo de llegar de ver al cirujano, que hace año tan dispuesto estaba a meterme el bisturí en la boca y encajarme unas placas de titanio, que ahora no quiere saber nada, que no está seguro de que vaya a arreglar nada. Porque no tengo los síntomas de los que ellos creen que tenía y han tardado un año en darse cuenta.
Y me habla de otra especialista, llegada hace poco a la clínica, experta en solucionar estos casos con fisioterapia, rehabilitación y no sé qué más. Tengo cita para el martes que viene.
En definitiva no saben qué pasa en mi boca. Y tengo una no despreciable colección de radiografías, resonancias e informes en diferentes grados de letras ilegibles.

Adoro que me hagan perder el tiempo. He tenido que ir a ver a estos señores en épocas de exámenes, en horas de clase (como hoy), durante KDDs e incluso en una de las cortas visitas de Jorge.
Adoro que lleven todo este tiempo sin saber qué tengo pero me hayan hecho llevar un plástico caro, incómodo, doloroso y que sólo ha hecho que ahora me duela la boca a veces incluso cuando hablo.
Y empiezo a odiar el voleyball, a los médicos y en especial a los especialistas.

En fin, no nomino a nadie porque casi todos los que me leen ya lo han hecho, creo. Así que el que quiera que lo haga.

No hay comentarios: