3 de octubre de 2004

[ Mood...]

Después de una agradable tarde de domingo con los amigos, enciendo el discman y cuando he empezado a erizarme con El Guardián de Tu Piel, he oído los gritos de mis amigos. He vuelto a acercarme a ellos, y mirad lo que me han dado:



¡¡¡¡Os quiero mucho!!!!

Y me he decidido a publicar el primero de los relatos que escribí sobre Nuhta, para que sirviera de transfondo de mi personaje para la partida de Naruto.


Vuelvo a mirarme al espejo. A lo mejor he mejorado en los últimos cinco minutos.
Nada, sigo viendo a la misma niña escuálida y torpe. En la academia tienen razón cuando me llaman fregona. Claro que las fregonas no son de color rojo. A veces creo que a la gente le espanta el color de mi cabello.
Además acabo de volver de entrenar así que además soy una fregona sucia y con la pintura desconchada. He vuelto a destrozar mi ropa, mamá me matará.

Ella preferiría que hubiera seguido dedicándome a la música. Y no es que no me guste, adoro la música y sigo teniendo la flauta bien cuidada. Pero ahora he elegido ser ninja como mi hermano.
Bueno, exactamente como mi hermano, no. Yo no quiero ser de los últimos de la clase por ser un vago. Porque Shikamaru es realmente listo, pero todo lo que suponga un mínimo esfuerzo, le parece demasiado ?problemático?.
La verdad es que no logro comprender porque es así. Porque es realmente listo y no es un mal ninja.
Si olvidamos esos detalles, sí que me encantaría ser como él.

Me miro de arriba a abajo. Lo que ahora parecen un montón de harapos eran unos pantalones y una camisa verdes heredadas precisamente de mi hermano. Tengo rasguños y moratones por todo el cuerpo. Además tengo el pelo manchado de barro.

Mi bastón está en el suelo. Lo he dejado caer hace un rato sin ningún cuidado. No soy muy buena utilizando técnicas, por lo que he decidido aprender mejor a utilizar armas como el bastón. Estiro un pie y lo levanto agarrándolo con los dedos.
Pero para poder graduarme tengo que aprender las técnicas básicas, o estaré eternamente en la academia.
Me miro nuevamente en el espejo.
Si sigo entrenando, mejoraré y algún día seré incluso mejor que Shikamaru. Seré la primera de mi clase al graduarme y me darán las mejores y más interesantes misiones.

Oigo pasos por la calle que se acercan y paran a la altura de la puerta. Debe ser él que vuelve a casa. No me preocupa que se burle de mí, casi nunca lo hace. Como casi nunca se da cuenta de mi existencia. Me gustaría que se preocupara por mí, jugara conmigo e incluso nos peleáramos, como los hermanos normales.
Así que a pesar de mi aspecto, me asomo al pasillo para saludarle.

Camina distraído e inexpresivo, como siempre, excepto cuando tiene que quejarse por algo.
-¡Hola! -le saludo alegremente fingiendo que iba a salir de mi habitación en ese momento.
Levanta una ceja al ver el estado en que me encuentro.
-¿Se puede saber qué has estado haciendo? Vas a tener problemas con mamá.
-¡Estaba entrenando!
-¿Entrenando? -habla prácticamente con desprecio, como es habitual en él.
-¡Sí! El año que viene me graduaré en la Academia.
Él se ha graduado hace poco y va cada día a hacer misiones con su maestro y sus dos compañeros.
-Muy bien. -sigue caminando hacia su cuarto.

A veces pienso que sigue moviéndose porque lo necesita para comer y sobrevivir. ¿Cómo puede darle todo igual? ¿Por qué yo le doy igual?

Decido probar si ha mejorado últimamente y en un rápido movimiento, golpeo la parte de atrás de sus rodillas con mi bastón. Para cuando quiere darse cuenta, está tumbado en el suelo. Estoy segura de que me ha visto atacarle.
-¡He conseguido derribarte! -exclamo.
Durante unos segundos, continúa inexpresivo. Después, entrecierra sus ojos y mientras se levanta, me hace perder el equilibrio con su pie izquierdo.
-¡Bruto! -grito mientras me levanto, frotándome un costado.
-Piérdete, Nuhta.

Ya me ha dado la espalda y su mano empuja la puerta. Me lanzo contra él, que se limita a apartarme firmemente con un brazo y cerrar la puerta en mis narices.
Nunca conseguiré que me haga caso.
Pateo la puerta con furia.
-¡Imbécil!

Me meto en el cuarto de baño, y paso un buen rato bajo el agua helada de la ducha.
Mis lágrimas se mezclan con el agua, ahora sí que no veo nada.
Cuando decido salir, percibo el delicioso olor de la cena. Me apresuro en vestirme y llevar la ropa sucia a mi habitación. Será mejor que me ocupe yo misma de remendarla y lavarla para evitar reprimendas.

Shikamaru ya está en la cocina, masticando lentamente su cena. Vaya, mi olfato no ha fallado, hoy tenemos ramen. Eso me hace pensar inmediatamente en una figura vestida de color naranja, muy ruidosa.
La cena transcurre en silencio, al menos por mi parte y la de mi hermano mayor. Mis padres hablan tranquilamente, aunque no les escucho.
Me levanto y salgo al porche. Hace un poco de frío, es agradable.
Esta noche hay un montón de estrellas, aunque muchas están ocultas por algunas nubes.

Estoy tumbada en la hierba cuando oigo unos pasos ligeros. Es él.
Giro la cabeza y le miro.
-¿Qué clase de misión has hecho hoy? -intento entablar una conversación con él. Esto no es casualidad, he salido al jardín porque sé que él lo hace cada noche.
-Hemos estado limpiando el río. Aburridísimo.
-Venga seguro que no es para tanto.
Un sonido entre los arbustos.
Ambos giramos rápidamente la cabeza. No es más que mi mascota, un pequeño zorro, que siempre anda husmeando por la casa y el jardín, cuando no viene conmigo a todas partes.
Aprovecho que parece estar despistado para volver a intentar derribarle, con un simple barrido apoyándome en las manos. Me esquiva sin inmutarse con un pequeño salto.
-¿Por qué sigues intentándolo? -pregunta pesadamente, aburrido.
-¿¡Por qué no puedes mostrar algún interés en lo que hago!? -exclamo, poniéndome en pie con un movimiento brusco.
-¿Debería?

Siento como las lágrimas aclaman salir de mis ojos, de pura rabia. Me vuelvo a lanzar contra él, me para cogiendo mis hombros.
-Estate quieta anda?
-¡No quiero!

Acabo nuevamente en el suelo y cuando abro los ojos lo encuentro acuclillado a mi lado.
-¿Se puede saber qué te pasa? Acabarás haciéndote daño.
-¿Acabaré? No me tiro al suelo yo misma por gusto.
-¿De verdad crees que tienes una mínima posibilidad contra mí? No eres más que una cría torpe?
-Sí, una cría torpe y raquítica. Ese cuento ya me lo sé. ¡Pero esta cría un día te derrotará! - exclamo eso último con una sonrisa, y no puedo creerme su respuesta.
Es una sonrisa. No una sonrisa de superioridad como es habitual, es una sonrisa amable, en la que entorna ligeramente sus ojos negros.
-¿Tú crees?
-Por supuesto. Aunque... - miro al suelo buscando las palabras adecuadas para expresar lo que quiero de la forma más eficaz, porque con él resulta muy difícil dialogar al mismo nivel. Para ganar tiempo, me levanto lentamente hasta sentarme frente a él, con las piernas cruzadas.
Tengo que ser sincera y directa, cuanta tontería, es mi hermano, no un desconocido.
Es mi hermano, el que cuando éramos pequeños me defendía y me enseñaba cómo responder a los insultos sin moverme de donde estuviera. El que me echaba una mano con los deberes siempre que podía.
-Aunque para eso necesitaré tu ayuda. -murmuro rápidamente, como si en realidad no quisiera que lo escuchara.
-¿Cómo? ¿Me estás pidiendo ayuda? Pensaba que ya eras mayorcita. -se burla, intentando hacerme rabiar. Pero no parece tener mala intención.
Salto sobre él. En esa postura no tiene demasiada estabilidad así que acabo sentada sobre su estómago.
-¡Me ayudarás! O te mataré a base de cosquillas -grito triunfalmente mientras busco sus costados con mis manos.
-¡Vale! ¡Está bien! ¡Me rindo! ¡Te ayudaré! -estira los brazos.
-¿De verdad? -freno en seco.
-Claro, mañana por la tarde empezaremos si quieres. -dice pesadamente, intentando levantarse a pesar de tener un peso, no muy grande pero considerable sobre su barriga.

No puedo evitar abrazarle dando un grito de alegría. Es una situación muy extraña, hacía años que nuestro único contacto físico era su brazo apartándome de la puerta del cuarto de baño.
-Nuhta...-gruñe con esfuerzo -si muero ahogado no podré ayudarte.
-¡Vaya, lo siento! -me aparto rápidamente.

-Ahora me voy a dormir. -dice mientras se levanta -Iré mañana a recogerte a la salida de la Academia. Buenas noches hermanita.
-Buenas noches Shikamaru.

Lo he conseguido. Con su ayuda podré ser una buena ninja de verdad. Dejarán de meterse conmigo y puede que incluso algunos se den cuenta de mi existencia...
Vuelvo a mi habitación y me quedo frente al espejo.
Van a cambiar muchas cosas, y voy a empezar por mi misma, por mi aspecto. Por ejemplo este pelo tan largo no es más que un estorbo, mañana mismo lo cortaré. Parece que a Shikamaru no le molesta esa coleta...



Beethoven R - Quien irá por ti soy yo
Por una vez no te eches atrás,
termina aquello que empezaste ayer.
Si te arrepientes me da igual,
haber pensado lo que ibas a hacer.

Ya no hay excusas que poner,
esto es un juego hay que saber peder.
Hoy he ganado y me quiero cobrar
lo prometido antes de empezar.

No ahora no hay que frenar,
porque todo se puede perder,
solo un descanso mujer,
luego has de calmar mi sed...

Si te paras no podré terminar mi actuación,
si no vienes hasta mí,
quien irá a por ti soy yo...

Sal ya del baño o me voy a enfriar,
quiero perderme en tu sexo otra vez.
En la cama espera algo especial,
entre las sábanas te haré enloquecer.
Es ya muy tarde y me falta sentir,
aquello que gané con sudor,
gemidos largos todo el placer,
al abrazarte y hacerte el amor...

No ahora no hay que frenar,
por que todo se puede perder,
solo un descanso mujer,
luego has de calmar mi sed.

Si te paras no podré terminar mi actuación,
si no vienes hasta mí,
quien irá a por ti soy yo...
El reflejo de tu piel, ha cegado mi pasión,
quieres tú salir de aquí,
pero yo te dije no...


No hay comentarios: